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¿Cómo podemos proteger nuestra democracia?

Vivimos tiempos de confusión e incertidumbre. Suele ser en este tipo de clima cuando es de responsabilidad parar y analizar la situación. El Dr. Sergio García, profesor de sociología de la Universidad Pública de Navarra, nos invita a hacer precisamente esta reflexión en el siguiente artículo donde observa algunos aspectos de la situación en la que se encuentra la democracia española.

Al parecer existen ciertos ingredientes comunes que provocan el declive de una democracia y pueden allanar el camino a un gobierno totalitario, tales como que los partidos no contengan candidatos con inclinaciones autoritarias, que se dejen de reconocer a los oponentes políticos como legítimos, el uso de las instituciones para promover los intereses del partido, o la presencia de un clima social polarizado.

Algunos de estos aspectos son fácilmente reconocibles en el entorno democrático español, especialmente el reconocimiento de legitimidad de los oponentes políticos y el clima de polarización —que parece acentuarse progresivamente—.

Sería difícil puntualizar en que momento exacto el debate político se convirtió en un espacio para el insulto y el menosprecio del oponente, pero es fácil encontrar descalificaciones lanzadas con ligereza de un político a otro, ya sea oralmente frente a una cámara o en escrito por Twitter. Además —o en consecuencia—, la ciudadanía en general se ha sumado al ejemplo dado por nuestros representantes gubernamentales y el discurso violento y de confrontación ha impregnado cualquier conversación sobre política.

La normalización de esta forma de comunicación es un canal para alimentar la polarización y ahondar la brecha entre unos y otros.

Es cierto que pronosticar el futuro de nuestra democracia es una tarea compleja, pero si practicar el autocontrol en nuestra forma de expresarnos puede frenar el declive de una democracia u —optimísticamente— acelerar su progreso, ¿por qué no emplear un poco de moderación en el lenguaje?

Laicismo, islamofobia y el papel de la religión en la sociedad

En una Europa cada vez más plural se ha convertido en un desafío gestionar la multiculturalidad. Gobiernos como el de Francia se encuentran en una encrucijada entre laicismo e islamofobia.

Eugenio García Gascón, analiza en el siguiente artículo la reciente declaración del presidente galo, Emmanuel Macron, en la que acusaba de «separatismo islámico» a aquellos musulmanes que sobreponían la ley islámica a la ley de la república francesa.

El laicismo defiende la separación entre la iglesia y el estado y busca que el Estado sea neutral en términos de religión, permitiendo la libertad religiosa a la ciudadanía. Esta ideología ha sido uno de los pilares del estado francés y Macron sostiene que «el secularismo es el fundamento de una Francia unida».

La problemática se presenta cuando la ciudadanía es cada vez más plural y una de las características esenciales de las religiones es el establecimiento del bienestar humano, lo cual implica necesariamente participación en la vida política.

Viviendo en sociedades cada vez más diversas e inclusivas, donde hay espacio para la participación en la vida política de todos los géneros, inclinaciones sexuales, ideologías políticas, etnicidades, preferencias de sistemas económicos, quizá también haya que dar lugar a las religiones para que colaboren en la construcción del sistema social.

No se trata de que una religión se convierta en el estado —como ocurría antaño y sigue ocurriendo en otras partes del mundo—, sino que todas las religiones puedan colaborar con el estado.

Quizá el progreso de la sociedad requiere de comprensión y colaboración entre los actores seculares y religiosos —entre los cuales suele existir un abismo en Europa— ya que ambos comparten aspiraciones comunes. Las religiones pueden aportar una perspectiva distinta y muy necesaria a la esfera pública, conceptos comúnmente asociados con las religiones como la compasión, la empatía, el perdón, el amor, pueden enriquecer el discurso y vida política de un país.

Estableciendo relaciones y construyendo puentes es la única forma de erradicar los miedos, y crear realmente naciones más unidas.

Economía, política y sentido en el siglo XXI

En la última entrega de Orientaciones en tiempos de crisis el pasado sábado 10 de octubre, la mesa redonda reflexionó sobre los modelos de organización social en el siglo XXI y sus desafíos.

Ante el agotamiento de los modelos actuales y con claras advertencias de la ciencia y el misticismo, hacemos una proyección hacia el futuro abocados a explorar una nueva mirada de relación para encontrar alguna pista ante los desafíos de nuestra era.

Para hablar de este tema se sumaron a la conversación:

  • Guillermo Vázquez: Profesor de Economía Aplicada de la Universidad Rey Juan Carlos.
  • Maysoun Douas Maadi: Dra. en física, experta en innovación y concejala del ayuntamiento de Madrid.
  • Juan Martín Silvano: Licenciado en psicología, posgrado análisis existencial-filosofía oriental-logoterapia. Escritor humanista.
  • Coordinado por Farid Yazdani: Empresario, activista y divulgador social. 

La próxima mesa redonda de Orientaciones en Tiempos de Crisis tendrá lugar el sábado 21 de noviembre de 18:30 a 20:00 en el canal de YouTube de Orientaciones en tiempos de crisis y explorará los desafíos y oportunidades de lo rural. También puede visitar la nueva página web de Orientaciones en tiempos de crisis para obtener más información sobre los próximos eventos.

Economía colaborativa y de proximidad

Dentro del ciclo de las mesas redondas Orientaciones en tiempos de crisis en esta ocasión trataremos de explorar la economía colaborativa y de proximidad.

Muchas son las voces que abogan para que este modelo de gestión económica sea cada vez más una realidad. Aunque los desafíos son muchos y el camino a recorrer muy largo, sin embargo, dado el agotamiento de los modelos actuales, no nos queda más alternativa que ensayar y experimentar otras posibles vías de relaciones sociales, a las que llamamos economías.

Para hablar de este tema esta semana nos acompañaron:

  • Maricruz Matellan: Lincenciada en ciencias económicas y empresariales, profesora de EEMM.
  • Daniel Truran: Director General de ebbf.org, B Corp Ambassador B Lab Europe.
  • Begoña Garrido: Profesora de humanidades y dinamizadora social.
  • Coordinado por Farid Yazdani: Empresario, activista y divulgador social.

La próxima mesa redonda de Orientaciones en Tiempos de Crisis tendrá lugar el sábado 10 de octubre de 18:30 a 20:00 en el canal de YouTube de Orientaciones en Tiempos de Crisis y explorará el tema de la economía, la política y el sentido en siglo XXI.

75 años de la ONU, ¿es momento de renovar las Naciones Unidas?

Para conmemorar el 75 aniversario de la creación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Asamblea General se reunió virtualmente el pasado 21 de septiembre e hizo pública una declaración con un tono muy claro: «Se requieren esfuerzos urgentes. Por lo tanto, no estamos aquí reunidos para celebrar, sino para tomar medidas».

El Dr. Sergio García escribe el siguiente artículo analizando la ONU como primer intento exitoso de crear un sistema de seguridad colectiva y de gobernanza global, y argumenta la urgente necesidad de renovación de la organización.

La fórmula de la esperanza

Una de las cosas que se ha evidenciado durante esta pandemia global es que la humanidad está interconectada. Se ha convertido en indispensable que aceptemos la unicidad de la raza humana si queremos enfrentarnos exitosamente a los desafíos que se nos presentan como especie. Estas son algunas de las ideas que nos presenta Farshad Arjomandi en el siguiente artículo.

El autor, además, nos ofrece una fórmula clara pero no sencilla para poder alojar más esperanza y menos preocupación en nuestras vidas. Control—o en su ausencia, confianza—, propósito y comunidad son los tres pilares sobre los que se sostiene la esperanza.

Integrar estos pilares en nuestra vida es, sin embargo, una cuestión de elección personal y requiere de compromiso. Eso sí, además de transformar nuestra realidad individual los efectos tendrían trascendencia a nivel comunitario y social.

No se trata de «no perder la esperanza» sino de conscientemente construirla.

¿Por qué tratamos de huir de las ideologías?

En el siguiente artículo, Cristina Monge expone la razón por la que en nuestra sociedad se huye de la ideología: existe «una realidad que ha calado con fuerza en el imaginario español y que puede ser demoledora: la equiparación de «ideología» con «extremismo»».

¿En qué momento empezamos a confundir «ideología» con «extremismo»?

Como bien explica la autora «Una ideología no es más que un sistema de pensamiento, un conjunto coherente de ideas que buscan entender y explicar el mundo. Este sistema subyace en prácticamente todos los aspectos de la dimensión humana y, por supuesto, en aquellos que tienen una vertiente colectiva.» El extremismo, sin embargo, ocurre cuando una ideología se aleja del consenso de la mayoría.

Todo individuo tiene una ideología y por lo tanto es imposible pretender que cualquier cosa que sea fruto del esfuerzo humano exista sin una ideología subyacente, ya sea esto unos presupuestos públicos, una organización civil, una serie de televisión o una empresa privada.

La neutralidad ideológica es una fantasía creada para satisfacer a una sociedad desencantada por la cultura de la contienda y la constante confrontación entre formas diferentes de pensar. Quizá la solución no radique en seguir imaginando que existen acuerdos, medios, empresas, u organizaciones libres de ideología, sino en esforzarnos por construir espacios inclusivos en los que todas las ideologías sean bienvenidas y donde se tomen las decisiones a través del respeto y la consulta.

Utilidad irreflexiva

En el siguiente artículo, Daniel Innerarity invita a la reflexión sobre nuestro entendimiento de lo que significa que algo sea útil y cómo esto afecta aspectos tan relevantes de la sociedad como pueden ser la educación o la cultura.

Quizá el concepto de utilidad es medido en valores cuantitativos o de rendimiento que dan lugar a obviar el valor de los procesos de reflexión. Los espacios para la reflexión son cuna de la creatividad y desde donde se desarrolla el pensamiento propio.

A medida que evolucionan los procesos de estructuración social que conocemos—adaptándose a la realidad en la que vivimos—, crear procesos de aprendizaje en los que se diera mayor protagonismo a la reflexión y dejar de preocuparnos tanto por la utilidad podría ser transformador, porque como dice Innerarity: «No hay verdadero cambio social que no haya sido precedido por una fase de reflexión».

ONGs y la construcción social

Tras la pausa vacacional, el ciclo de mesas redondas, Orientaciones en tiempos de crisis, se reanudó el pasado 12 de septiembre explorando el papel de las ONGs y su influencia en la construcción social.


Las religiones, tradicionalmente, han impulsando la caridad, sin embargo, desde la ilustración la sociedad civil ha ido madurando progresivamente y en consecuencia participando cada vez más en los asuntos de interés común. Las ONGs hoy en día son una fuerza decisiva para la construcción civilizatoria.

Los ponentes invitados en esta última mesa redonda fueron:

  • Zoubeida Foughali: Psicóloga, consultora y activista social. Directiva Asociación Viktor Frankl (Valencia)
  • Carlos Pereda: Sociólogo, Carta contra el Hambre.
  • Mari Carmen Pastor: Técnico en mediación y acción social. Asociación de mujeres gitanas ALBOREÁ.
  • Coordinado por Farid Yazdani: Empresario, activista y divulgador social.

La próxima mesa redonda de Orientaciones en Tiempos de Crisis tendrá lugar el sábado 26 de septiembre de 18:30 a 20:00 en el canal de YouTube de Orientaciones en Tiempos de Crisis y explorará el tema de la economía colaborativa y de proximidad.

¿Marcará esta pandemia un punto de inflexión en la historia?

Dr. Ignacio Sánchez de la Yncera
Catedrático de Sociología, Instituto I-Communitas (UPNA)

Creo que se ha producido una crisis suficientemente aguda, sobre todo en el plano emotivo, como para que a los corazones más finos les haya deparado, sin duda, una ocasión relevante para incrementar su sentido de responsabilidad por los asuntos comunes. Y colectivamente, creo que, en los diferentes enclaves, se han puesto en evidencia las limitaciones de los responsables de la dirección política —su falta de talla—. Es muy difícil que todo esto no tenga un precio real en clave política. No obstante, ha habido una gran afluencia de miedo y de angustia sobre mucha gente, lo cual es un terreno fértil para la reacción conservadora —para no perder la vida primero; para no perder lo que uno tiene, después— y desgraciadamente muy propicio para los populismos agitadores capaces de enlazar con esos sentimientos primarios, tan alejados de la magnanimidad que demanda siempre el desafío de la convivencia.

Por eso es más fácil —esperemos que no— que en lo masivo se produzcan nuevos fenómenos superficiales inquietantes, que, además, estarán propiciados por la facilidad que pueden tener las minorías y los grupos interesados para manejar con más presteza las singularidades del potencial de difusión de información diferenciada a los usuarios, a quienes les puede resultar difícil distinguir entre el mundo que se les hace ver y la realidad viva. Suelo decir que estamos aún en una época demasiado virginal de la experiencia de los públicos en el uso, como receptores, de las redes —configuradas diferencialmente conforme a los algoritmos—. Costará un tiempo hasta que se tome verdadera conciencia del efecto ficcional —muy susceptible de manipulación— que, en este sentido, se produce por el hecho de que el mundo que cada uno encuentra en las redes se parezca mucho al mundo que particularmente tiende a encontrar o desea encontrar. Pasó lo mismo en los fenómenos de masas de la primera treintena del siglo XX, e incluso de toda la primera mitad de siglo cuando el uso propagandístico y publicitario de la radio afectó a públicos nacientes con nula educación crítica.

Todo eso en cuanto a lo malo, que se refuerza con la elevada probabilidad de que los esquemas acostumbrados de conducta de la gente, sus disposiciones profundas, tiendan a reiniciarse en cuanto ésta pueda recuperar cierta normalidad. Casi todos encontrarán lo que se acostumbraron a buscar. Por eso mismo, sobre todo, decía antes que los políticos no habían sabido dar la talla. Se ha omitido una oportunidad propicia para una limpia afirmación de los bienes comunes y de la solidaridad ante una amenaza enorme para todos, y para atajar toda tentación de servirse de un fenómeno imprevisible, atroz y desbordante, instrumentalizándolo para intereses partisanos. 

Lo relevante y grave, sin embargo, es cuál vaya a ser realmente el panorama socioeconómico dentro de seis meses o un año, y cómo se ha a gestionar la crisis en el espacio público. El turismo canario, por ejemplo, se va a ver reducido este año, según los cálculos y las proyecciones de los propios empresarios del sector, a una quinta parte de lo que fue el año anterior. En su conjunto la economía española depende muchísimo del movimiento de las gentes hacia España y de los españoles dentro de España. No sabemos hasta dónde llegará el frenazo en seco de la economía mundial, pero donde se produzcan las repercusiones más drásticas, la gente va a tener serias dificultades. Los empresarios que se sienten fuertes —aunque la drasticidad del topetazo que les pueda llegar por la espalda, a causa de los efectos en cadena de la interdependencia, someterá sin duda a prueba esa autoconfianza— dicen que lo único que les preocupa es ser en este momento los más proactivos e ideativos, están cerrando sus acuerdos para nuevos proyectos, y agitando la creatividad de sus equipos de innovación. Están trabajando como estajanovistas en el después. Algunos lo harán como depredadores —siempre afloran—. Los más inteligentes, incluso en los estados mayores de las grandes empresas internacionales, e incluso en la banca o en general en el sistema financiero, incluidos los equipos económicos de los gobiernos y de los organismos internacionales, saben o deben saber —aprendiendo de los mejores— que, incluso por cálculo estratégico, no obrar en una situación así, en parte perdiendo, pero apostando ante todo por salvar el tejido socioeconómico sería una completa insensatez. En fin, puede que también el zarandeo general de las circunstancias advenidas y las que están viniendo den a numerosa gente la ocasión para cambiar sustantivamente de apuesta axiológica y de estilo de vida. 

La clave está siempre en afirmar la dimensión solidaria de la vida común, nuclear en la actividad política. La gran cuestión es si acertaremos a dar prioridad, a los más vulnerables, a quienes de verdad padezcan con mayor virulencia y amenaza los efectos de la grave coyuntura del caso.

 Pero, si he de responder, para acabar, a la pregunta que se me hacía, debo decir que, como siempre, el futuro vendrá con lo suyo, como resultado de lo que hagamos entre todos al abordar los avatares: el futuro es futuro y no lo debemos desfuturizar pretenciosamente. Por ello mismo en todos los ámbitos es tan decisiva una vívida solicitud solidaria, que lleve a atender primero a quienes las circunstancias aprieten más, pero también a apremiar y respaldar a quien le toque la responsabilidad política de esa atención.

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