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¿Cómo deben responder la UE y la OTAN al ataque de Rusia?

Seis académicos responden a esta cuestión en The Conversation para dar sus perspectivas a los acontecimientos ocurridos el 24 de febrero de 2022 donde el presidente ruso Vladimir Putin ordenaba por televisión una “operación militar especial” contra Ucrania.

La guerra en Ucrania

4 de marzo de 2022 — Escrito por Marta Rodríguez Fouz*

¿Cuáles son las perspectivas para Europa en este escenario de hostilidad?

Un desafío enorme. En un contexto donde parecía que las preocupaciones sobre el bienestar se entendían unidas a la gestión de la crisis económica derivada de la pandemia, a la irrupción creciente de movimientos xenófobos en el continente, o, entre otras cuestiones, a la respuesta a las crisis migratorias, se materializa un escenario de guerra que abre un horizonte muy desalentador para Europa. Y que se añade a esos otros retos que continúan abiertos.

Hablamos mucho de guerras en Europa y pensamos en Balcanes, pero este conflicto no tiene nada que ver: se produce entre dos países grandes, uno de ellos una gran potencia militar y nuclear. ¿Debemos estar preocupados? ¿Qué tenemos que tener en cuenta?

El referente más cercano es esa guerra de los Balcanes y, en efecto, parece bien distinto al que acaba de propiciar el ataque del gobierno de Putin contra Ucrania. No obstante, los Balcanes también supusieron un desafío enorme tanto para Europa como para la OTAN, y aunque aparece referido como un conflicto interno limitado a las fronteras de lo que fue Yugoslavia, generó una enorme tragedia humana de la que, en términos morales, Europa y la OTAN no salieron indemnes. La situación que se ha generado no es solo un desafío por el hecho de que Rusia sea una potencia militar y nuclear, también por la evidencia de que esa potencia está dispuesta a utilizar su poder para imponer su criterio, su política y su decisión de invadir un país por encima de los principios del derecho internacional. Desde el punto de vista de lo que supone la guerra, la preocupación es inevitable. Y la decisión que tome Europa respecto a cómo responder, resulta inquietante. Entre otras razones, por lo que podría suponer un escenario de guerra con Rusia.

¿Qué consecuencias tendrá esta guerra en las relaciones entre Europa y Rusia?

Obviamente, esas relaciones se complican y, al menos desde la perspectiva de Europa, ahondan en la desconfianza hacia Rusia y en la evidencia de que los valores y principios que Europa pretende representar y proteger pertenecen a una cosmovisión particular que apenas significa nada para el gobierno de Putin y para sus aliados. En el ámbito de los intercambios económicos, de las posibles alianzas de intereses, Rusia se sitúa en una posición de indiferencia hacia Europa que anticipa la impotencia de las medidas y sanciones que esta viene planteando como mensajes de advertencia. Una impotencia similar a la de la vía diplomática, que habría fracasado. Lo que no implica que haya que renunciar a ninguna de esas herramientas de las relaciones internacionales. No en vano, la realidad es dinámica y no tendría mucho sentido presuponer que ya nada se puede hacer para trabajar por la paz en ese escenario.

¿Cuál debería de ser el papel de la OTAN en esta invasión? ¿Debe la alianza atlántica reaccionar, debe ayudar a Ucrania, debe enviar tropas…?

La amenaza en el Este de Europa es evidente. El papel que debe tomar la OTAN ya no lo es tanto. En términos de refuerzo de fronteras parece obvio. Cabe esperar que se mantenga e intensifique el despliegue que se está llevando a cabo. Pero en lo que se refiere a la entrada en combate, la respuesta se complica. Un enfrentamiento directo entre el ejercito ruso y las tropas de países miembros de la OTAN parece menos claro. Ucrania será la gran damnificada de refrenar un impulso bélico, pero tampoco parece que un horizonte de guerra como el que se generaría con la entrada de la OTAN fuera a resultar efectivo y liberador para Ucrania y estabilizador para esa zona.

España pertenece a la Unión Europea y es miembro de la OTAN ¿Qué papel crees que debe desempeñar?

En mi opinión, España debería, como entiendo que hará y está haciendo, alinearse con la decisión unitaria que viene tomando la Unión Europea en este conflicto. Esto es, apoyar a Ucrania y defender los principios del derecho internacional que han sido obviados por Rusia. Y hacerlo, desde medidas de presión y de castigo que no cierren la vía diplomática y que traten de evitar entrar en guerra y de impedir que la guerra iniciada se enquiste o amplíe. Lo mismo en su papel de miembro de la OTAN, procurando calibrar bien las implicaciones de una eventual participación de las tropas en acciones de guerra.

A propósito de la retórica de la violencia, ¿cómo debemos juzgar las amenazas y avisos de Putin, su retórica contra Ucrania tildándolos de filonazis (siendo Zelensky judío de Galitzia…)? ¿Cómo debemos calibrar desde Europa las amenazas?

Según lo veo yo, ese es un ejercicio cínico de retórica que no tiene mayor recorrido que el de pretender revestir el discurso de justificación de la guerra de una legitimidad que le restan las acciones. No es algo nuevo. En toda guerra, se dilucida también la pretensión de estar del lado justo y, en ese esfuerzo, el mecanismo de deshumanización del enemigo es lo habitual. La cuestión es si las acciones serían otras en el caso de que el discurso fuera distinto. Y sinceramente creo que serían las mismas sin el aderezo de esa pretensión de legitimidad para invadir Ucrania. Esa invasión se lleva a cabo por razones y de forma bien distinta a la que anuncian las palabras. Algo que puede verse, por ejemplo, al observar cómo se recurre a la fórmula de las armas de precisión o al discurso de proteger a la población pro-rusa del Este de Ucrania. La disonancia entre los actos y el discurso evidencia ese cinismo. No creo que Europa deba estar especialmente atenta a esa retórica, sí a las prácticas que la preceden o le siguen como expresión de los auténticos propósitos de gobernantes como Putin.

*Marta Rodríguez Fouz
Profesora Titular del Departamento de Sociología y Trabajo Social
Investigadora propia de I-Communitas
Universidad Pública de Navarra.

Miembro del equipo investigador de los proyectos “La guerra y sus justificaciones. Tendencias y problemas actuales” (2014-2017); “El logos de la guerra. Normas y problemas de los conflictos armados actuales” (2018-2021) y “Viejas guerras y nuevas tecnologías: un banco de prueba crítico para la regulación de la violencia colectiva” (2021-).
Publicaciones relacionadas con la temática de la guerra:
Capítulos de libro: “Héroes y villanos. La derrota de la conciencia moderna en la experiencia de entreguerras” (CIS, 2004); “El desafío de la guerra. Democracia y violencia en la afirmación del orden mundial” (CIS, 2005); “El miedo nuclear. Amenazas y desvelos en un mundo globalmente atemorizado” (CIS, 2010).
Artículos: “Las voces del Imperio. Sobre la semántica de la justicia y del derecho a la guerra” (Política y sociedad, 2004); “Enfrentando al enemigo. Cortocircuitos normativos en las respuestas a las amenazas del terrorismo global” (Anuario de Filosofía del Derecho, 2021).

Nociones clave para gobernar con efectividad

La web del Instituto para el Conocimiento, Gobernanza y Desarrollo Globales (ICGD) publica una entrevista a Sergio García, doctor en sociología y especialista en educación y desarrollo social, en la que se explica algunas nociones clave para gobernar con efectividad con base en la colaboración, la anticipación y el aprendizaje en relación a la experiencia en el LAB de Torrelodones.

Lo estratégico es hacer que las personas y las organizaciones se impliquen y colaboren en los procesos de gestión de las futuras políticas de desarrollo de sus comunidades. Además, el agotamiento de los modelos tradicionales de gobernanza exige la exploración de nuevos métodos y principios innovadores. Así mismo, hay que aprender de la práctica, sistematizando las experiencias para la toma de decisiones futuras, buscando una interacción de saberes con las tradiciones de los lugares e incluso sus valores morales y espirituales. Hay que tener una actitud de aprendizaje humilde y tener método, como podría ser la deliberación consultiva.

¿Son nuestros hábitos de consumo sostenibles?

6 de octubre de 2021 — Escrito por Bayán Nicolás

Durante los últimos meses en el contexto de la pandemia hemos apreciado variaciones significativas en los hábitos de consumo de la población mundial. Como consecuencia de las restricciones y limitaciones de movimiento que se fueron implantando en gran parte de los países, muchas personas comenzaron a demandar bienes y servicios a un ritmo mucho mayor que en tiempos prepandemia, como por ejemplo, dispositivos electrónicos, muebles o electrodomésticos.

Fruto del aumento de la demanda, comenzaron a producirse varios episodios en los cuales se repetía un patrón común, un considerable atasco en la cadena de suministros que tristemente ha ido desembocando en el auge de precios de varios productos que a su vez ha tenido un notorio impacto en la inflación de varios países, lo cual es una seria señal de alarma que debe preocuparnos a todos.

La lectura que podemos hacer es que cualquier cambio en el comportamiento del consumidor, con independencia de su lugar de procedencia, repercute en la salud de la economía mundial y ello acaba afectando a indicadores macroeconómicos entrelazados como la inflación, los salarios, los tipos de interés, el producto interior bruto, la tasa de desempleo o la deuda pública.

Los efectos de la pandemia fueron angustiosos y siguen siéndolo a día de hoy en muchos rincones del mundo donde lamentablemente los ritmos de vacunación son lentos, y ello hizo que los seres humanos trataran de sobrevivir en el interior de sus hogares poniendo el acento en la creación de un espacio en el que pudiera mantenerse una cierta calidad de vida. Calidad de vida íntimamente ligada a los aspectos materiales que ha contribuido a mantener la estabilidad y el bienestar en gran parte de los hogares de forma temporal pero que a su vez ha desencadenado a la larga en estancamientos en la cadena de distribución de productos, alza de precios, paralización de varios sectores del mercado, reducción de exportaciones e importaciones, reducciones en las plantillas de trabajadores sin mencionar una larga lista de desencadenantes económicos que hemos empezado a notar y que seguiremos viendo.

La realidad es que está resultando muy dificíl ajustar la oferta de muchos productos y servicios a la gran demanda existente y ello debe llevarnos a una reflexión colectiva como ciudadanos de este mundo, una reflexión en torno a la convivencia entre el corto y el largo plazo, la racionalidad de nuestras compras, nuestro compromiso con la sostenibilidad medioambiental y el equilibrio existente entre nuestra dimensión material y espiritual.

Más allá de nuestras necesidades materiales, somos seres humanos con capacidad para evaluar y meditar sobre nuestros actos. La historia nos ha demostrado que hemos sido capaces de realizar ajustes en nuestro comportamiento vital con el fin de crecer y mejorar, que estamos dotados de valores espirituales que puestos en práctica nos ayudan a tener empatía hacia los problemas del mundo, hacia las desigualdades sociales, hacia el bienestar de muchas familias, en definitiva hacia la supervivencia de toda la raza humana y no sólo de una parte de ella.

En este mundo global donde participan numerosos actores económicos, no existen recetas ni fórmulas mágicas, ya que todo tiene su peso y su incidencia, desde el papel individual que juega un consumidor, el modo en que las empresas orientan su capacidad de producción, el modo en el que se proyecta la oferta a través de la publicidad, hasta el papel que desempeñan los responsables públicos a la hora de negociar acuerdos comerciales y de cooperación multilaterales.

Será preciso observar con detenimiento y con una mirada crítica como se irán sucediendo los acontecimientos en los meses venideros, con el fin de extraer nuevos aprendizajes colectivos que nos ayuden en nuestros procesos de elección, confiando en que más pronto que tarde alcancemos un mejor entendimiento de la íntrinseca relación entre el ser humano y el mundo y de nuestra contribución a la sostenibilidad global.

La Carta de Responsabilidades y Deberes: una guía moral para la Humanidad en el siglo XXI

15 de septiembre de 2021 — Escrito por Rafael Monzó

Hoy afortunadamente es una gran esperanza para la evolución de la Humanidad, el mensaje y la propuesta que la comunidad bahá’í ofrece al mundo, bajo la forma de una nueva cosmovisión para el ser humano, basada en los principios de una ciudadanía mundial que aspira a orientar las relaciones humanas y sociales, en el respeto a la diversidad cultural, el desarrollo moral y los valores éticos. Unas propuestas, que coinciden plenamente con la Carta de las Naciones Unidas, que desde sus inicios pretendía avanzar en la cooperación y el entendimiento internacionales, y consideraba pilares fundamentales para el desarrollo de una Cultura de Paz, la educación, la libertad de pensamiento y la igualdad entre hombres y mujeres.

Pero el avance hacia esa meta que todos deseamos, de poder llegar a construir una civilización justa y próspera, necesita de la participación de cada uno de nosotros y en esta tarea también la comunidad bahá’í fue pionera, en poner en el centro del problema, el compromiso con la responsabilidad individual, y no solo hacia el bienestar de la familia humana universal que formamos entre todos, sino también para con nuestro planeta y su desarrollo sostenible. Pero a pesar de estas y otras muchas bienintencionadas actitudes, vemos con preocupación que en nuestra sociedad actual, esta cuestión fundamental del afrontar el ámbito de las responsabilidades individuales y colectivas, es todavía una meta que aún se encuentra lejana.

Poco después de la creación de Naciones Unidas, se proclamó la carta de los Derechos Humanos, como el gran pacto de la Humanidad en pro de la libertad, la igualdad y la justicia, pero desde entonces han pasado ya 75 años, y aún continúan las luchas de los pueblos contra sus opresores, el desprecio por la dignidad humana, y las enormes injusticias. Fue en 1998, cuando al cumplirse los cincuenta años de aquella histórica proclamación de la Carta de Derechos Humanos, siendo Federico Mayor Zaragoza el Director General de la UNESCO, planteó la necesidad de completar la Carta de los Derechos Humanos, porque no era suficiente con el reconocimiento y la aceptación nominal de esos derechos sino que era necesario también formular una Declaración de Responsabilidades y Deberes Humanos, que definiera con toda claridad a quién corresponde el deber moral y la responsabilidad de cumplirlos y de hacerlos cumplir.

Entonces Valencia se ofreció para acoger aquella importante iniciativa internacional, reuniendo a un grupo de expertos y casi un centenar de personalidades de veintisiete países, para entre todos reflexionar y debatir sobre esa trascendente cuestión y que finalmente llegara a redactarse el documento de la Declaración de Responsabilidades y Deberes Humanos, que contenía un preámbulo y cuarenta y un artículos en sus doce capítulos. Aquel logro fue definido entonces, como «una guía moral para la Humanidad en el siglo XXI», y se llegaron a escribir titulares de prensa donde se leía que «Valencia era la Ciudad de la Esperanza» y que si esta iniciativa llegara a ver la luz, «sería el documento más importante para el Tercer Milenio».

Pero han pasado ya 21 años desde que tuvo lugar aquella presentación a la sociedad, y desde entonces y pese a la urgencia actual por la crisis de valores y las amenazas globales que hoy enfrenta la Humanidad, todavía desde los órganos de gobierno de Naciones Unidas y de la UNESCO, no se ha conseguido validar aún aquel importante documento, para poder llegar así a alcanzar un nuevo pacto global, que exija la obligación, la aplicación y la supervisión del cumplimiento de la Carta de Derechos Humanos. Por eso con desolación y tristeza constatamos que aún nos encontramos todavía, ante una meta lejana y llena de dificultades.

En la actualidad el gran reto consiste en llegar a comprometer a los individuos, a las instituciones, corporaciones, estados y organizaciones internacionales para que asuman y difundan la Carta de Responsabilidades y Deberes de la Humanidad, para así poder llegar a establecer un eficaz cumplimiento de los Derechos Humanos. Esta sería una tarea que tiene hoy su mayor prioridad, y la gran aspiración sería llegar a conseguir la adhesión de todas aquellas organizaciones y ciudadanos, que trabajan por una Cultura de Paz y reclaman para la sociedad, una ética de valores globales.

Pero este reto y aspiración no puede hoy desvincularse de la formación de un amplio respaldo que proponga con urgencia, una reforma de Naciones Unidas, que bajo un sistema democrático multilateral, desde la ética y la responsabilidad, ponga en vigor las Cartas de Deberes y Derechos, y garantice con ello que sea posible un futuro de paz y libertad para todos los seres humanos.

Hoy vemos con gran preocupación como el poder financiero de manera silenciosa, poco a poco ha tomado las riendas de las instituciones políticas internacionales y también del control de los medios de comunicación, mientras que la asamblea de naciones es sustituida por la supremacía de los grupos plutocráticos de toma de decisiones (G3, G7, G20). Un plan de concentración progresivo del poder económico que a través de las grandes corporaciones globalistas, avanza en el afianzamiento de sus intereses particulares hacia el control político del mundo y de los ciudadanos.

Pero lamentablemente por esa misma cuestión, se presiente en la actualidad que bajo las propuestas de la Agenda 20/30, se insinúa la sospecha de una sutil manipulación de estos objetivos para el desarrollo sostenible, que bajo el control del poder económico pretende la instauración de un Nuevo Orden Mundial que peligrosamente se refleja en el modelo totalitario Chino, donde queda limitado el imperio de la ley por el poder y también la libertad, la dignidad y la verdad que son el antídoto de todo totalitarismo.

La aspiración de un sistema político y social inspirado en un verdadero sistema democrático que garantice la igualdad social, la justicia económica, y preserve la libertad personal, hoy exige esa reforma urgente de Naciones Unidas que impida que la hegemonía del poder financiero internacional, se imponga sobre la esperanzadora corriente que representa la Cultura de la Paz, que toma en consideración en primer lugar a los seres humanos y las relaciones internacionales, y que dentro del marco del derecho internacional y los Derechos Humanos, promueve valores, actitudes y comportamientos que rechazan la violencia y prevengan los conflictos mediante el diálogo y la mediación entre las personas y las naciones. Una corriente humanista de pensamiento y acción, que favorezca también un cambio de actitud individual para desactivar los conflictos internos y las guerras que se encuentran en el interior de cada uno de nosotros, una tarea que la psicología contemporánea denomina confrontar una lucha de opuestos entre nuestra conciencia y nuestros propios contenidos inconscientes.

En 1997 la Asamblea General de Naciones Unidas declaro en el año 2000 el año Internacional de la Cultura de la Paz y en 2021 se propuso la Declaración para la transición hacia una Cultura de Paz en el Siglo XXI, donde se reconoce en primer lugar la necesidad de un cambio en los individuos que reconozcan su vinculación no solo con otros seres humanos sino con todos los aspectos de la vida y que esta transición también depende de profundas trasformaciones y reformas de las instituciones y políticas que nos conduzcan a un cambio colectivo.

El actual globalismo ha traído consigo sufrimiento, hambre, pobreza y desgarros sociales, ahora es el momento en que se precisa iniciar una transición hacia la cultura de la paz, «No hay caminos para la paz, la paz es el camino» propuso Gandhi, un camino guiado por principios y valores, en el que la justicia debe ocupar el lugar preferente.

A la UNESCO se le encomendó explícitamente la tarea de construir la paz mediante la educación, la ciencia, la cultura y la comunicación y en el preámbulo de su Constitución recuerda que son «los principios democráticos» de justicia, libertad, igualdad y solidaridad, los que deben iluminar esta gran transición desde una cultura de violencia y guerra a una cultura de dialogo y conciliación. Fue en la década de los 90 en la UNESCO cuando se inició un gran programa hacia una Cultura de Paz, y en él se recogen una serie de valores, actitudes y comportamientos en los que se reflejan el respeto a la vida, al ser humano y a su dignidad.

Hoy en la Declaración para la transición hacia una Cultura de Paz en el Siglo XXI, se hace hincapié entre las propuestas planteadas que habría que destacar, el favorecer la educación, la pedagogía de la paz, crear nuevos símbolos compartidos que fomenten la aceptación de los otros, la solidaridad, el respeto y la cooperación, el flujo de la libertad, la información, la imaginación y la creación. Así como favorecer el diálogo, la democracia participativa, y el fomento de cooperativas que trabajen por una economía social y solidaria centrada en el comercio justo.

Pero además lo que también constituye una necesidad de primer orden es que sean abordadas propuestas de refundación o reforma en Naciones Unidas, como la del Consejo de Seguridad, así como la creación de un Consejo de Seguridad de Alcaldes de las principales ciudades del mundo. La creación de un Consejo de Asuntos Socioeconómicos y también de un Consejo de Asuntos Medioambientales, cuyas decisiones representen el balance mundial de poderes y favorezcan la adopción de los acuerdos por parte de los estados miembros.

Pero esta reforma sería incompleta si no se tiene en cuenta la conformación de una nueva Asamblea General compuesta por un cincuenta por cien de representantes de los Estados miembros y el resto por instituciones, academias y organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo, para que así pueda quedar representado como se dice en el preámbulo de la Carta de Naciones Unidad la voz de «nosotros los pueblos».

Hoy, como ya desde hace dos décadas invoca Federico Mayor Zaragoza, otro mundo es posible y ya es el tiempo de cambiar la fuerza de las armas por la fuerza de las palabras. La historia está en nuestras manos, solo el multilateralismo democrático podrá reconducir las presentes tendencias que impiden o bloquean avanzar hacia el bien común y la Cultura de Paz.

Organicémonos. Bahá’u’lláh dejó, en una de sus profundas reflexiones, una bella imagen del despertar de la conciencia en la Humanidad, y hacia la que hoy es posible que se dirija nuestra sociedad: «Sois frutos de un solo árbol y las hojas de una sola rama. Tan potente es la luz de la unidad, que puede iluminar la tierra entera».

Rafael Monzó es actualmente el Presidente de la Asociación Valencia-Mediterráneo para la UNESCO.

La conciencia de especie: la solución al enigma de Rodrik

10 de septiembre de 2021 — Escrito por Darío Arjomandi

La historia nos demuestra que una sola crisis o un solo golpe contra la cotidianidad establecida, por muy dura y repentina que sea, no suele ser por sí mismo suficiente para introducir un cambio profundo en la conciencia humana y en sus estructuras sociales. Estamos diseñados para la resiliencia y la supervivencia; en contrapartida, los cambios llevan tiempo en fraguarse. La idea de que un único suceso determinante puede constituir un punto de inflexión y cambiar el rumbo de la historia está desmentida por los hechos del pasado.

En el siglo anterior, después de la Gran Guerra (llamada así porque no parecía que pudiera haber otra mayor), se dieron pasos agigantados hacia cambios radicales; Europa creyó que había aprendido la lección y que ello bastaría para desmantelar el sistema colonial y crear una solución eficaz que garantizase la paz (la Sociedad de Naciones). Pero no fue así. Hubo la crisis económica más feroz de la historia y otra guerra más devastadora aun que la anterior. Eso tiró por la borda los pasos inéditos que se habían dado hasta entonces (como la creación de la Mancomunidad, embrión de la actual ONU).

Fue la sucesión de varios reveses sucesivos sufridos por el estatus quo lo que provocó, por fin, transformaciones fundamentales y el surgimiento de un nuevo orden económico (los acuerdos de Bretton Woods e instituciones económicas como el FMI, el BM y la WTO). También un orden de organizaciones internacionales que serían garantes de la paz y los derechos humanos (ahora sí, la ONU). Nuestro continente desempolvó de las guerras un proyecto de integración económica y, más tarde, política: la Unión Europea. Este nuevo orden propició también mutaciones sociales en favor de tres valores fundamentales: la libertad política, el estado de derecho y el bienestar social. Todo ello es la historia que conocemos.

La carrera espacial hizo surgir, por vez primera, el sentimiento de pertenencia a una especie común. Los avances tecnológicos y la interconexión nos llevaron al gran paradigma de nuestros días: la globalización económica. Pero he aquí que nos damos cuenta ahora de que todas las causas del fenómeno globalizador son también causas indirectas de las actuales crisis que nos ponen a prueba como especie: las medioambientales, las migratorias, las económicas y de desigualdades crecientes, las de seguridad colectiva y radicalizaciones, las demográficas y, ahora, la crisis pandémica y sanitaria. 

Dani Rodrik, profesor de economía política en Harvard y figura notable del ámbito de las relaciones internacionales, explica el problema actual con un curioso trilema. El triángulo de Rodrik tiene tres puntas: la globalización económica, el sistema democrático y la soberanía de los estados-nación. Afirma este estudioso que el problema consiste en que es imposible asumir, a la vez, las tres opciones; solo se pueden elegir dos. Las sociedades y sus gobernantes deben decidir cuáles conservar y a cuál de los tres renunciar.

Rodrik cree que la apuesta más probable es que el mundo abandone o renuncie parcialmente a la rápida globalización económica. Pero, ¿y si fuera demasiado tarde para retroceder? ¿Cómo podemos conservar los avances en interconexión económica y sistemas democráticos que hemos conseguido hasta hoy? La respuesta estaría, quizá, en modificar la última punta del triángulo de Rodrik: la soberanía de los estados. En efecto, para que sobrevivamos a las crisis que nos acechan tenemos que completar el proceso con el elemento que falta: una globalización política. Ésta no es un fin en sí misma, pero sí la pieza fundamental del proceso que nos falta.

Ello no es un paso fácil; las estructuras de los estados-nación tienen todos los mecanismos de supervivencia para proteger y retener su soberanía. Será solo la sucesión de múltiples crisis transnacionales la que generará una necesidad de supervivencia mayor que la de los estados particulares: la supervivencia de la especie, por cuanto la actual pandemia ha cerrado de un carpetazo la duda que todavía le quedaba a muchos líderes políticos y de opinión: ningún país soberano ni poder nacional puede hacer ya frente a las insólitas crisis que van a afligir a la especie humana desde ahora.

Darío Arjomandi es estudiante de Global Governance en Esade.

La Sociedad en el sigo XXI

Durante la última mesa redonda de Orientaciones en tiempos de crisis se exploró el tema de La sociedad en el siglo XXI analizando los tres principales eslabones de esta cadena: los aspectos y la relación de la discapacidad con la sociedad, el marco general del modelo social occidental y el modelo social de los pueblos indigenas de Latinoamérica.

Para hablar sobre la sociedad del siglo XXI se sumaron a la conversación:

  • Oscar Prieto Flores: Profesor de Sociología de la Facultad de educación y psicología de la Universidad de Girona.
  • Juan Pablo Salazar: Experto en el movimiento global de derechos de personas con discapacidad.
  • Carmen Albertos: Antropóloga, especialista en pueblos indígenas y diversidad.
  • Coordinación Farid Yazdani: Empresario, activista y divulgador social.

Aspectos y relación de la discapacidad con la sociedad

Anteriormente existían tres paradigmas de las personas discapacitadas, que hoy en día siguen persistiendo. En primer lugar está el castigo divino que incluye a todas las personas que obraron mal y posteriormente se sanciona con una pena denominada «karma». En segundo lugar se encuentra el paradigma médico donde la persona con discapacidad es tratada como paciente y tiene que ser curada o mejorada a través de los medicamentos o la ciencia de la tecnología. Debido a que las personas discapacitadas deben adaptarse a la “normalidad” y no la “normalidad” a la discapacidad, es que apareciere para su regulación el paradigma de los derechos humanos. «La discapacidad es ese asunto que llevo dentro de mi cuerpo más una barrera que hay en el entorno», afirma Juan Pablo Salazar, experto en el movimiento global de derechos de personas con discapacidad.

Los colectivos sociales tales como la diversidad étnica, de género, la orientación sexual y la discapacidad, entre otras, son agrupaciones sociales donde las personas comparten determinadas características o trabajan en conjunto por el cumplimiento de un objetivo común como la transformación o el cambio cultural que suceden bajo unos pasos: entender el problema sin que exista un activismo de base, mover la cultura popular a través del tiempo. 

La Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad fue aprobada el 13 de diciembre de 2006 como resultado de un proceso largo en el que participaron los Estados miembros de la ONU, observadores de la ONU, cuerpos y organizaciones de la ONU, el Relator Especial sobre Discapacidad, instituciones de derechos humanos nacionales, y organizaciones no gubernamentales. Esta convención ha supuesto un cambio importante para aquellas personas con discapacidad, destacando la visibilidad de este grupo dentro del sistema de protección de derechos humanos de Naciones Unidas, la asunción irreversible del fenómeno de la discapacidad como una cuestión de derechos humanos, y el contar con una herramienta jurídica vinculante a la hora de hacer valer los derechos de estas personas.

Marco general del modelo social occidental

Los libros del sociólogo alemán Ulrich Beck, La metamorfosis del mundo y La sociedad del riesgo reflexionan sobre los cambios de la sociedad. Según Beck, la sociedad de riesgo se basa en la constatación de que, en las sociedades actuales, la producción social de riqueza está vinculada con la producción social de riesgo. Lo que implica que la progresión y el incremento de los riesgos tienen consecuencias tanto económicas como políticas.

Las inmigración y la integración en la sociedad son dos sistemas que pueden desarrollar la capacidad tanto de ayudar a otro como de aprender en conjunto y de esta forma verse beneficiadas las dos partes.

El modelo social de los pueblos indigenas de Latinoamérica

«Los pueblos indígenas son sociedades diferenciadas. Son sociedades con derechos colectivos que además proponen nuevos modos de organización social», afirma Carmen Albertos, antropóloga. No existe una definición universal y es imposible ponerlos en una sola categoría. «Sin embargo, sí que existe un consenso de los elementos comunes que configuran una definición de quiénes son los pueblos indígenas. En el caso de América Latina, son aquellos que descienden de los pueblos que habitaban esos territorios, antes de la época de la conquista, de la colonización, y que conservan hoy en día parcial o totalmente sus instituciones o sus prácticas sociales, políticas, económicas, lingüísticas, rurales, etc.». La cultura recoge el comportamiento y las creencias, esto incluye la religión, la organización social y política, económica, artes, narraciones y lenguaje. Aunque anteriormente la cultura indígena era considerada como una cultura menos importante, a lo largo del tiempo varios antropólogos fueron uniformándolas con otras culturas. «Con los pueblos indígenas tenemos que hablar de desarrollo con identidad, que es un desarrollo partiendo de su cultura y de su riqueza. No viéndolos como empobrecidos por toda la historia sino más bien como culturas, como un patrimonio histórico cultural, social, político, jurídico, económico que tiene mucho que aportar no solo a la sociedad indígena sino también a las sociedades nacionales donde están inmersos», finaliza Albertos.

Puede visitar la web de Orientaciones en tiempos de crisis para obtener más información sobre los próximos eventos.

Pandemia y crisis ecosocial

En la última mesa redonda de Orientaciones en tiempos de crisis se exploró el tema de Pandemia y crisis ecosocial analizando los tres principales eslabones de esta cadena: el concepto de la crisis ecosocial, el ecofeminismo y la reversión de la situación de crisis a nivel individual como industrial.

La crisis ecosocial

El concepto de la crisis ecosocial está presente en el trasfondo de la pandemia. La pandemia afecta tanto a la naturaleza como al ser humano. La crisis ecosocial es una crisis de civilización, tiene un carácter global y afecta a todo el sistema con unas consecuencias que están vinculadas al deterioro del planeta como al agotamiento de los recursos, a la dimensión social y política. 

«Es una crisis multidimensional que no solamente es una crisis ecológica, sino que también es una crisis social, es una crisis económica y al final política, de carácter multiescalar y afecta a todos los ámbitos» dice Santiago Álvarez, economista y director de FUHEM Ecosocial. «La mejor respuesta a la pandemia que vivimos es restaurar equilibrios, preservar ecosistemas y cambiar los modos de vida en los que vivimos. Cambiar el comportamiento y modo de vida. Detrás hay un modelo de vida y la pandemia nos enseña a valorar, permitir establecer jerarquización y plantearnos ¿qué tipo de vida queremos?, ¿qué entendemos con una buena vida?, ¿qué entendemos como vida de calidad?»

A lo largo del tiempo han aparecido varias epidemias en diferentes etapas de la vida que la humanidad ha ido superando. La respuesta a la pandemia es un ensayo general frente a amenazas y riesgos globales a la crisis ecosocial, representando un experimento natural de ciencias sociales. La pandemia refleja el antes y el después, somos responsables de cambiar y construir un mundo nuevo.

El ecofeminismo

Cristina Alonso, investigadora y activista ecofeminista, resalta la relación íntima que existe entre la destrucción de la naturaleza, de los ecosistemas en sociedades fundamentalmente capitalistas y la subordinación e invisibilización de las aportaciones de la mujer en sociedades patriarcales.

«Hablar de biodiversidad es hablar de diversidad cultural, es decir, el mantenimiento de diversidad cultural es fundamental para el mantenimiento de la biodiversidad» dice Alonso.

Ecología

«La ecología es el lugar donde deliberamos sobre el sentido de lo que hacemos en nuestra casa, en nuestro planeta tierra» aclara José Luis Nieto, Doctor de biología. «El término glocalización es la suma de globalización y localización y se refiere a la persona, grupo, unidad, organización o comunidad que está dispuesta y que es capaz de pensar globalmente y actuar localmente».  

Para hablar sobre Pandemia y crisis ecosocial se sumaron a la conversación: 

  • Santiago Álvarez: Economista, director de FUHEM Ecosocial y de revista PAPELES.
  • Cristina Alonso: Ingeniera, investigadora, activista ecofeminista, miembro de la ONG Amigos de la Tierra.
  • José Luis Nieto: Doctor en Biología, Co. portavoz de Verdes E2UO Madrid, concejal Ayuntamiento por Más Madrid.
  • Coordinación Farid Yazdani: Empresario, activista y divulgador social.

La próxima mesa redonda de Orientaciones en tiempos de crisis tendrá lugar el sábado 22 de mayo de 18:30 a 20:00 en el canal de YouTube de Orientaciones en tiempos de crisis y tratará el tema de La sociedad del siglo XXI. 

También puede visitar la web de Orientaciones en tiempos de crisis para obtener más información sobre los próximos eventos.

La igualdad de género en el siglo XXI

Dentro del ciclo de mesas redondas Orientaciones en tiempos de crisis en esta ocasión se exploró el tema de La igualdad de género en el siglo XXI analizando los tres principales eslabones de esta cadena: La importancia de la igualdad de género, las barreras económicas de género y la revolución feminista.

La igualdad de género es un principio constitucional que estipula que los hombres y las mujeres son iguales ante la Ley. Esto quiere decir que todas las personas tienen los mismos derechos y deberes ante el Estado y la sociedad en su conjunto. Este principio constitucional está basado en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Sin embargo, no basta con decretar la igualdad de género. Es fundamental asegurar que las estructuras de gobernanza y organización social se construyen basándose en este principio.

Discriminación contra la mujer y economía

La discriminación contra la mujer es virtualmente universal, ya que gracias a los datos del Banco Mundial, se ha podido ver que solo un 5% de los países respeta la igualdad de género. Esta discriminación no solo afecta a la mujer por no participar, sino que tiene consecuencias para toda la sociedad en su conjunto.

«Hay una correlación muy estrecha entre el número de discriminaciones contra la mujer y todo una serie de disfunciones a nivel de economía y sociedad», dice Augusto López Claros, ex director de indicadores Globales y Análisis del Banco Mundial. «Aquellos países que introducen mayores incentivos para la incorporación de la mujer a la fuerza de trabajo, son países donde los niveles económicos de desigualdad son menores».

La participación de la mujer en el mercado laboral es necesaria. Aparte de que esto supone que la mitad de la población se mantiene activa, se incrementa el ingreso económico por familia y esto a su vez impacta la distribución de ingresos a nivel nacional en su totalidad.

En aquellos países donde la mujer es considerada igual que el hombre, se gasta más en educación y salud pública a nivel de infraestructura lo que contribuye a mejorar la calidad de vida de toda la sociedad.

Violencia económica

Otro aspecto que relaciona la igualdad de género y la economía es el concepto de violencia económica. La dependencia económica de la mujer puede empujar a la violencia y esto se ve reflejado en tres formas: en primer lugar está la idea del control económico que implica que el abusador controle los gastos de su pareja. En segundo lugar está el sabotaje laboral con la intención de socavar la independencia económica. Se da en situaciones en las que se impide abiertamente trabajar o de manera oculta se intimida para que se abandone el empleo. El último y más reconocido es la explotación económica, que es abusar de los bienes de la mujer, situación más fácil de identificar legalmente.

«En general se produce un socavamiento de la independencia económica de las mujeres, y esa merma de la independencia económica es la que acaba siendo un factor muy importante, por supuesto no el único, de la violencia física, violencia sexual, violencia psicológica y de las situaciones de desigualdad generales que denominamos violencia sistémica, violencia del sistema y violencia legal e institucional», dice Nuria Alonso Gallo, economista feminista.

«La violencia sistémica es inherente al concepción actual capitalista», afirma Alonso. Las mujeres que se encargan de trabajos rurales, tareas domésticas, cuidadoras de hogar entre otras, no son reconocidas por el sistema, carecen de derechos y no tienen ninguna compensación económica.

Revolución feminista

Lo que busca la igualdad es valorar de la misma forma las cualidades que son por naturaleza del hombre y de la mujer, y por ende darle la misma importancia a tareas o actividades del mismo rango aunque sean de diferente naturaleza. «La igualdad está en base de tal manera que casi todas las constituciones conocidas manifiestan la legitimidad de construir la igualdad», dice Mª Teresa Ayllón Trujillo, activista del feminismo y de los derechos humanos.

Para hablar sobre La igualdad de género en el siglo XXI se sumaron a la conversación:

  • Augusto Lopéz Claros: Economista, ex director de indicadores Globales y Análisis del Banco Mundial.
  • Nuria Alonso Gallo: Profesora de economía aplicada, economista feminista.
  • Mª Teresa Ayllón Trujillo: Terapeuta Gestalt, activista del feminismo y derechos humanos.
  • Coordina Farid Yazdani: Empresario, activista y divulgador social.

La próxima mesa redonda de Orientaciones en tiempos de crisis tendrá lugar el sábado 17 de abril de 18:30 a 20:00 en el canal de YouTube de Orientaciones en tiempos de crisis y tratará el tema de La pandemia y el cambio climático.

También puede visitar la web de Orientaciones en tiempos de crisis para obtener más información sobre los próximos eventos.

¿Es posible alcanzar un nuevo momento Bretton Woods?

4 de marzo de 2021 — Escrito por Bayán Nicolás

El pasado 15 de octubre de 2020 la Directora Gerente del FMI Kristalina Georgieva pronunció un discurso en el que abogaba por volver a «los valores de cooperación y solidaridad que hermanan a la mujer y al hombre en su humanidad común» y en el que describía el escenario internacional actual como «un nuevo momento de Bretton Woods». Pero, ¿es posible alcanzar un nuevo momento Bretton Woods?

Muchos se preguntaran que supone la referencia a Bretton Woods en nuestros tiempos y que necesita la humanidad para volver a cimentar nuevas bases para la cooperación internacional con el fin de contribuir al avance de la civilización mundial. 

Para entender dicha referencia, es necesario volver a 1944, año previo a la finalización de la Segunda Guerra Mundial, y en el que 44 naciones se reunieron en un foro en la localidad estadounidense de Bretton Woods con el objetivo de consultar sobre el nuevo modelo económico que el mundo necesitaba en aquellos años y en el que se establecieron nuevas instituciones, reglas y mecanismos en torno a las relaciones comerciales y financieras. 

Es en ese foro, en el cual se fundaron las dos principales instituciones económicas internacionales que transformaron el orden económico internacional, el Fondo Monetario Internacional (FMI), con el mandato de vigilar y proteger el buen rumbo de la economía a nivel global y el Banco Mundial, entidad cuya principal misión sería facilitar financiación a los países europeos que sufrieron las devastadoras consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y posteriormente también ofreció líneas de financiación a otros países de América Latina, África y Asia. 

Gran parte de las delegaciones que los estados enviaron a esa cita histórica salieron de la reunión con el firme convencimiento de que el progreso de la humanidad solo podía venir del esfuerzo conjunto de todas las naciones de la tierra bajo un espíritu de solidaridad. 

Hoy en día, son muchas las instituciones, organizaciones gubernamentales y no gubernamentales y personas de bien común que defienden promover un similar espíritu de hermandad y solidaridad para tratar de solventar la difícil situación que atraviesa el mundo hoy día, como consecuencia de los desafíos que nos acechan como la pandemia del coronavirus, los pronunciados desequilibrios económicos que ya existían antes de la pandemia y que se han agravado como consecuencia de la misma, el cambio climático, la seguridad internacional, los retos energéticos, la digitalización de nuestras sociedades así como muchos otras cuestiones importantes para la raza humana.  

Cierto es que vivimos tiempos de inestabilidad e incertidumbre donde resulta aún más difícil traducir a la acción nobles propósitos e ideales, donde las necesidades e intereses de corto plazo de las naciones se ven como prioritarias y donde la confianza de la población hacia sus instituciones está en entredicho, pero ello no debe resultar óbice para que siempre volvamos la mirada hacia décadas pasadas y veamos como los seres humanos han sido capaces de avanzar hacia escenarios de mayor cooperación internacional y multilateralismo. No podemos olvidar las grandes crisis del pasado y tampoco desdeñar los aprendizajes logrados. La paciencia y el trabajo persistente de las generaciones anteriores deben poder ayudarnos a encarar las próximas décadas y siempre pensar que los seres humanos podemos contribuir a favorecer un mayor clima de entendimiento y acuerdo internacionales. 

Será necesario renovar muchas de las instituciones del orden internacional, será imprescindible introducir novedades en los procesos de elección y toma de decisiones y también será preciso abordar los límites de la soberanía nacional en todas aquellas cuestiones que afectan a nuestro mundo global. 

Bayán Nicolás es Licenciado en Derecho (UA), especialista en Propiedad Intelectual, Patentes y Marcas.