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GOBERNANZA, INTEGRACIÓN DE SERVICIOS Y POLÍTICAS DE BIENESTAR EN EL ÁMBITO LOCAL

Compartimos este artículo que es parte de una ponencia de Teresa Zurita y M.J García Solana titulado: Análisis de los procesos de gobernanza y coordinación entre los Servicios Sociales y Servicios de Empleo Municipales. Estudio de dos casos: Ayuntamiento de Coslada y Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid.

En él realizan una primera aproximación al análisis de dinámicas de colaboración entre servicios sociales y empleo en el proceso de inserción laboral de colectivos en riesgos de exclusión social. Desde la UE se han introducido líneas de política pública que impulsa este tipo de colaboración y un ejemplo es la Red de Inclusión Social. En esta ponencia, partiendo del análisis de un instrumento de política pública financiado con fondos europeos (POEFE) se analizan las experiencias desarrolladas en el Ayuntamiento de Coslada y el Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid. Para ello, desde el punto de vista metodológico se han realizado dos entrevistas semiestructuradas para conocer la estrategia, diseño y dinámica de colaboración formal e informal entre ambas áreas municipales y conocer los elementos impulsores y limitadores de dicha colaboración.

Palabras clave: colaboración, exclusión social, itinerarios, innovación municipal, empleo y servicios sociales

Federico Mayor Zaragoza: “En Ucrania no hacen falta más armas, sino más palabras”

Fundación Cultura de Paz.

El exdirector de la Unesco y actual Presidente de la Fundación Cultura de Paz ofrece una entrevista a elDiario.es donde expresa sus reflexiones sobre el asunto Rusia-Ucrania. En su conversación manifiesta que la capacidad de negociación tiene que depender siempre de la libertad, la democracia y el diálogo y esto no ha existido en este caso, porque se hace entre instituciones (la UE y las Naciones Unidas) que no pueden expresarse libremente porque tienen derecho a veto.

Derecho a la defensa colectiva

El profesor de Física de la UPNA, Karlos Alastruey, y el profesor de ética de la UAB, Arash Arjomandi, comparten sus reflexiones sobre el papel que debe ejercer la ONU ante la invasión a Ucrania y la necesidad de aplicar el principio de seguridad colectiva. Algunas de las preguntas que plantean al lector tienen implicaciones muy prácticas y trascendentales: ¿es justo que la sociedad civil del mundo se vea dañada, hasta estos extremos, por el afán belicista de un gobierno? ¿Es moral no aplicar colectivamente la legítima defensa cuando el derecho internacional lo contempla? ¿Es compasivo fiarlo todo a unas sanciones económicas que también se están cobrando vidas y dignidad humanas en forma de desabastecimiento, pobreza y desnutrición?

La distancia que separa el Mar Negro del Caribe

Sergio García Magariño, profesor de la Universidad Pública de Navarra y Massimo Cermelli, economista y profesor de Deusto Business School analizan, en Radio Euskadi, qué supondría la entrada del petróleo de Irán y Venezuela en el terreno geopolítico.

Ucrania demuestra que nuestro sistema de seguridad internacional es defectuoso

El profesor Sergio García Magariño comparte para el Diario de Noticias de Navarra su perspectiva sobre el papel del Consejo de Seguridad de la ONU en el contexto actual y la necesidad de avanzar hacia «una arquitectura institucional representativa, pero con capacidad de coerción».

¿Cómo deben responder la UE y la OTAN al ataque de Rusia?

Seis académicos responden a esta cuestión en The Conversation para dar sus perspectivas a los acontecimientos ocurridos el 24 de febrero de 2022 donde el presidente ruso Vladimir Putin ordenaba por televisión una “operación militar especial” contra Ucrania.

La guerra en Ucrania

Interconexión

4 de marzo de 2022 — Escrito por Marta Rodríguez Fouz*

¿Cuáles son las perspectivas para Europa en este escenario de hostilidad?

Un desafío enorme. En un contexto donde parecía que las preocupaciones sobre el bienestar se entendían unidas a la gestión de la crisis económica derivada de la pandemia, a la irrupción creciente de movimientos xenófobos en el continente, o, entre otras cuestiones, a la respuesta a las crisis migratorias, se materializa un escenario de guerra que abre un horizonte muy desalentador para Europa. Y que se añade a esos otros retos que continúan abiertos.

Hablamos mucho de guerras en Europa y pensamos en Balcanes, pero este conflicto no tiene nada que ver: se produce entre dos países grandes, uno de ellos una gran potencia militar y nuclear. ¿Debemos estar preocupados? ¿Qué tenemos que tener en cuenta?

El referente más cercano es esa guerra de los Balcanes y, en efecto, parece bien distinto al que acaba de propiciar el ataque del gobierno de Putin contra Ucrania. No obstante, los Balcanes también supusieron un desafío enorme tanto para Europa como para la OTAN, y aunque aparece referido como un conflicto interno limitado a las fronteras de lo que fue Yugoslavia, generó una enorme tragedia humana de la que, en términos morales, Europa y la OTAN no salieron indemnes. La situación que se ha generado no es solo un desafío por el hecho de que Rusia sea una potencia militar y nuclear, también por la evidencia de que esa potencia está dispuesta a utilizar su poder para imponer su criterio, su política y su decisión de invadir un país por encima de los principios del derecho internacional. Desde el punto de vista de lo que supone la guerra, la preocupación es inevitable. Y la decisión que tome Europa respecto a cómo responder, resulta inquietante. Entre otras razones, por lo que podría suponer un escenario de guerra con Rusia.

¿Qué consecuencias tendrá esta guerra en las relaciones entre Europa y Rusia?

Obviamente, esas relaciones se complican y, al menos desde la perspectiva de Europa, ahondan en la desconfianza hacia Rusia y en la evidencia de que los valores y principios que Europa pretende representar y proteger pertenecen a una cosmovisión particular que apenas significa nada para el gobierno de Putin y para sus aliados. En el ámbito de los intercambios económicos, de las posibles alianzas de intereses, Rusia se sitúa en una posición de indiferencia hacia Europa que anticipa la impotencia de las medidas y sanciones que esta viene planteando como mensajes de advertencia. Una impotencia similar a la de la vía diplomática, que habría fracasado. Lo que no implica que haya que renunciar a ninguna de esas herramientas de las relaciones internacionales. No en vano, la realidad es dinámica y no tendría mucho sentido presuponer que ya nada se puede hacer para trabajar por la paz en ese escenario.

¿Cuál debería de ser el papel de la OTAN en esta invasión? ¿Debe la alianza atlántica reaccionar, debe ayudar a Ucrania, debe enviar tropas…?

La amenaza en el Este de Europa es evidente. El papel que debe tomar la OTAN ya no lo es tanto. En términos de refuerzo de fronteras parece obvio. Cabe esperar que se mantenga e intensifique el despliegue que se está llevando a cabo. Pero en lo que se refiere a la entrada en combate, la respuesta se complica. Un enfrentamiento directo entre el ejercito ruso y las tropas de países miembros de la OTAN parece menos claro. Ucrania será la gran damnificada de refrenar un impulso bélico, pero tampoco parece que un horizonte de guerra como el que se generaría con la entrada de la OTAN fuera a resultar efectivo y liberador para Ucrania y estabilizador para esa zona.

España pertenece a la Unión Europea y es miembro de la OTAN ¿Qué papel crees que debe desempeñar?

En mi opinión, España debería, como entiendo que hará y está haciendo, alinearse con la decisión unitaria que viene tomando la Unión Europea en este conflicto. Esto es, apoyar a Ucrania y defender los principios del derecho internacional que han sido obviados por Rusia. Y hacerlo, desde medidas de presión y de castigo que no cierren la vía diplomática y que traten de evitar entrar en guerra y de impedir que la guerra iniciada se enquiste o amplíe. Lo mismo en su papel de miembro de la OTAN, procurando calibrar bien las implicaciones de una eventual participación de las tropas en acciones de guerra.

A propósito de la retórica de la violencia, ¿cómo debemos juzgar las amenazas y avisos de Putin, su retórica contra Ucrania tildándolos de filonazis (siendo Zelensky judío de Galitzia…)? ¿Cómo debemos calibrar desde Europa las amenazas?

Según lo veo yo, ese es un ejercicio cínico de retórica que no tiene mayor recorrido que el de pretender revestir el discurso de justificación de la guerra de una legitimidad que le restan las acciones. No es algo nuevo. En toda guerra, se dilucida también la pretensión de estar del lado justo y, en ese esfuerzo, el mecanismo de deshumanización del enemigo es lo habitual. La cuestión es si las acciones serían otras en el caso de que el discurso fuera distinto. Y sinceramente creo que serían las mismas sin el aderezo de esa pretensión de legitimidad para invadir Ucrania. Esa invasión se lleva a cabo por razones y de forma bien distinta a la que anuncian las palabras. Algo que puede verse, por ejemplo, al observar cómo se recurre a la fórmula de las armas de precisión o al discurso de proteger a la población pro-rusa del Este de Ucrania. La disonancia entre los actos y el discurso evidencia ese cinismo. No creo que Europa deba estar especialmente atenta a esa retórica, sí a las prácticas que la preceden o le siguen como expresión de los auténticos propósitos de gobernantes como Putin.

*Marta Rodríguez Fouz
Profesora Titular del Departamento de Sociología y Trabajo Social
Investigadora propia de I-Communitas
Universidad Pública de Navarra.

Miembro del equipo investigador de los proyectos “La guerra y sus justificaciones. Tendencias y problemas actuales” (2014-2017); “El logos de la guerra. Normas y problemas de los conflictos armados actuales” (2018-2021) y “Viejas guerras y nuevas tecnologías: un banco de prueba crítico para la regulación de la violencia colectiva” (2021-).
Publicaciones relacionadas con la temática de la guerra:
Capítulos de libro: “Héroes y villanos. La derrota de la conciencia moderna en la experiencia de entreguerras” (CIS, 2004); “El desafío de la guerra. Democracia y violencia en la afirmación del orden mundial” (CIS, 2005); “El miedo nuclear. Amenazas y desvelos en un mundo globalmente atemorizado” (CIS, 2010).
Artículos: “Las voces del Imperio. Sobre la semántica de la justicia y del derecho a la guerra” (Política y sociedad, 2004); “Enfrentando al enemigo. Cortocircuitos normativos en las respuestas a las amenazas del terrorismo global” (Anuario de Filosofía del Derecho, 2021).

Nociones clave para gobernar con efectividad

Gobernar con efectividad

La web del Instituto para el Conocimiento, Gobernanza y Desarrollo Globales (ICGD) publica una entrevista a Sergio García, doctor en sociología y especialista en educación y desarrollo social, en la que se explica algunas nociones clave para gobernar con efectividad con base en la colaboración, la anticipación y el aprendizaje en relación a la experiencia en el LAB de Torrelodones.

Lo estratégico es hacer que las personas y las organizaciones se impliquen y colaboren en los procesos de gestión de las futuras políticas de desarrollo de sus comunidades. Además, el agotamiento de los modelos tradicionales de gobernanza exige la exploración de nuevos métodos y principios innovadores. Así mismo, hay que aprender de la práctica, sistematizando las experiencias para la toma de decisiones futuras, buscando una interacción de saberes con las tradiciones de los lugares e incluso sus valores morales y espirituales. Hay que tener una actitud de aprendizaje humilde y tener método, como podría ser la deliberación consultiva.

¿Son nuestros hábitos de consumo sostenibles?

6 de octubre de 2021 — Escrito por Bayán Nicolás

Durante los últimos meses en el contexto de la pandemia hemos apreciado variaciones significativas en los hábitos de consumo de la población mundial. Como consecuencia de las restricciones y limitaciones de movimiento que se fueron implantando en gran parte de los países, muchas personas comenzaron a demandar bienes y servicios a un ritmo mucho mayor que en tiempos prepandemia, como por ejemplo, dispositivos electrónicos, muebles o electrodomésticos.

Fruto del aumento de la demanda, comenzaron a producirse varios episodios en los cuales se repetía un patrón común, un considerable atasco en la cadena de suministros que tristemente ha ido desembocando en el auge de precios de varios productos que a su vez ha tenido un notorio impacto en la inflación de varios países, lo cual es una seria señal de alarma que debe preocuparnos a todos.

La lectura que podemos hacer es que cualquier cambio en el comportamiento del consumidor, con independencia de su lugar de procedencia, repercute en la salud de la economía mundial y ello acaba afectando a indicadores macroeconómicos entrelazados como la inflación, los salarios, los tipos de interés, el producto interior bruto, la tasa de desempleo o la deuda pública.

Los efectos de la pandemia fueron angustiosos y siguen siéndolo a día de hoy en muchos rincones del mundo donde lamentablemente los ritmos de vacunación son lentos, y ello hizo que los seres humanos trataran de sobrevivir en el interior de sus hogares poniendo el acento en la creación de un espacio en el que pudiera mantenerse una cierta calidad de vida. Calidad de vida íntimamente ligada a los aspectos materiales que ha contribuido a mantener la estabilidad y el bienestar en gran parte de los hogares de forma temporal pero que a su vez ha desencadenado a la larga en estancamientos en la cadena de distribución de productos, alza de precios, paralización de varios sectores del mercado, reducción de exportaciones e importaciones, reducciones en las plantillas de trabajadores sin mencionar una larga lista de desencadenantes económicos que hemos empezado a notar y que seguiremos viendo.

La realidad es que está resultando muy dificíl ajustar la oferta de muchos productos y servicios a la gran demanda existente y ello debe llevarnos a una reflexión colectiva como ciudadanos de este mundo, una reflexión en torno a la convivencia entre el corto y el largo plazo, la racionalidad de nuestras compras, nuestro compromiso con la sostenibilidad medioambiental y el equilibrio existente entre nuestra dimensión material y espiritual.

Más allá de nuestras necesidades materiales, somos seres humanos con capacidad para evaluar y meditar sobre nuestros actos. La historia nos ha demostrado que hemos sido capaces de realizar ajustes en nuestro comportamiento vital con el fin de crecer y mejorar, que estamos dotados de valores espirituales que puestos en práctica nos ayudan a tener empatía hacia los problemas del mundo, hacia las desigualdades sociales, hacia el bienestar de muchas familias, en definitiva hacia la supervivencia de toda la raza humana y no sólo de una parte de ella.

En este mundo global donde participan numerosos actores económicos, no existen recetas ni fórmulas mágicas, ya que todo tiene su peso y su incidencia, desde el papel individual que juega un consumidor, el modo en que las empresas orientan su capacidad de producción, el modo en el que se proyecta la oferta a través de la publicidad, hasta el papel que desempeñan los responsables públicos a la hora de negociar acuerdos comerciales y de cooperación multilaterales.

Será preciso observar con detenimiento y con una mirada crítica como se irán sucediendo los acontecimientos en los meses venideros, con el fin de extraer nuevos aprendizajes colectivos que nos ayuden en nuestros procesos de elección, confiando en que más pronto que tarde alcancemos un mejor entendimiento de la íntrinseca relación entre el ser humano y el mundo y de nuestra contribución a la sostenibilidad global.

La Carta de Responsabilidades y Deberes: una guía moral para la Humanidad en el siglo XXI

15 de septiembre de 2021 — Escrito por Rafael Monzó

Hoy afortunadamente es una gran esperanza para la evolución de la Humanidad, el mensaje y la propuesta que la comunidad bahá’í ofrece al mundo, bajo la forma de una nueva cosmovisión para el ser humano, basada en los principios de una ciudadanía mundial que aspira a orientar las relaciones humanas y sociales, en el respeto a la diversidad cultural, el desarrollo moral y los valores éticos. Unas propuestas, que coinciden plenamente con la Carta de las Naciones Unidas, que desde sus inicios pretendía avanzar en la cooperación y el entendimiento internacionales, y consideraba pilares fundamentales para el desarrollo de una Cultura de Paz, la educación, la libertad de pensamiento y la igualdad entre hombres y mujeres.

Pero el avance hacia esa meta que todos deseamos, de poder llegar a construir una civilización justa y próspera, necesita de la participación de cada uno de nosotros y en esta tarea también la comunidad bahá’í fue pionera, en poner en el centro del problema, el compromiso con la responsabilidad individual, y no solo hacia el bienestar de la familia humana universal que formamos entre todos, sino también para con nuestro planeta y su desarrollo sostenible. Pero a pesar de estas y otras muchas bienintencionadas actitudes, vemos con preocupación que en nuestra sociedad actual, esta cuestión fundamental del afrontar el ámbito de las responsabilidades individuales y colectivas, es todavía una meta que aún se encuentra lejana.

Poco después de la creación de Naciones Unidas, se proclamó la carta de los Derechos Humanos, como el gran pacto de la Humanidad en pro de la libertad, la igualdad y la justicia, pero desde entonces han pasado ya 75 años, y aún continúan las luchas de los pueblos contra sus opresores, el desprecio por la dignidad humana, y las enormes injusticias. Fue en 1998, cuando al cumplirse los cincuenta años de aquella histórica proclamación de la Carta de Derechos Humanos, siendo Federico Mayor Zaragoza el Director General de la UNESCO, planteó la necesidad de completar la Carta de los Derechos Humanos, porque no era suficiente con el reconocimiento y la aceptación nominal de esos derechos sino que era necesario también formular una Declaración de Responsabilidades y Deberes Humanos, que definiera con toda claridad a quién corresponde el deber moral y la responsabilidad de cumplirlos y de hacerlos cumplir.

Entonces Valencia se ofreció para acoger aquella importante iniciativa internacional, reuniendo a un grupo de expertos y casi un centenar de personalidades de veintisiete países, para entre todos reflexionar y debatir sobre esa trascendente cuestión y que finalmente llegara a redactarse el documento de la Declaración de Responsabilidades y Deberes Humanos, que contenía un preámbulo y cuarenta y un artículos en sus doce capítulos. Aquel logro fue definido entonces, como «una guía moral para la Humanidad en el siglo XXI», y se llegaron a escribir titulares de prensa donde se leía que «Valencia era la Ciudad de la Esperanza» y que si esta iniciativa llegara a ver la luz, «sería el documento más importante para el Tercer Milenio».

Pero han pasado ya 21 años desde que tuvo lugar aquella presentación a la sociedad, y desde entonces y pese a la urgencia actual por la crisis de valores y las amenazas globales que hoy enfrenta la Humanidad, todavía desde los órganos de gobierno de Naciones Unidas y de la UNESCO, no se ha conseguido validar aún aquel importante documento, para poder llegar así a alcanzar un nuevo pacto global, que exija la obligación, la aplicación y la supervisión del cumplimiento de la Carta de Derechos Humanos. Por eso con desolación y tristeza constatamos que aún nos encontramos todavía, ante una meta lejana y llena de dificultades.

En la actualidad el gran reto consiste en llegar a comprometer a los individuos, a las instituciones, corporaciones, estados y organizaciones internacionales para que asuman y difundan la Carta de Responsabilidades y Deberes de la Humanidad, para así poder llegar a establecer un eficaz cumplimiento de los Derechos Humanos. Esta sería una tarea que tiene hoy su mayor prioridad, y la gran aspiración sería llegar a conseguir la adhesión de todas aquellas organizaciones y ciudadanos, que trabajan por una Cultura de Paz y reclaman para la sociedad, una ética de valores globales.

Pero este reto y aspiración no puede hoy desvincularse de la formación de un amplio respaldo que proponga con urgencia, una reforma de Naciones Unidas, que bajo un sistema democrático multilateral, desde la ética y la responsabilidad, ponga en vigor las Cartas de Deberes y Derechos, y garantice con ello que sea posible un futuro de paz y libertad para todos los seres humanos.

Hoy vemos con gran preocupación como el poder financiero de manera silenciosa, poco a poco ha tomado las riendas de las instituciones políticas internacionales y también del control de los medios de comunicación, mientras que la asamblea de naciones es sustituida por la supremacía de los grupos plutocráticos de toma de decisiones (G3, G7, G20). Un plan de concentración progresivo del poder económico que a través de las grandes corporaciones globalistas, avanza en el afianzamiento de sus intereses particulares hacia el control político del mundo y de los ciudadanos.

Pero lamentablemente por esa misma cuestión, se presiente en la actualidad que bajo las propuestas de la Agenda 20/30, se insinúa la sospecha de una sutil manipulación de estos objetivos para el desarrollo sostenible, que bajo el control del poder económico pretende la instauración de un Nuevo Orden Mundial que peligrosamente se refleja en el modelo totalitario Chino, donde queda limitado el imperio de la ley por el poder y también la libertad, la dignidad y la verdad que son el antídoto de todo totalitarismo.

La aspiración de un sistema político y social inspirado en un verdadero sistema democrático que garantice la igualdad social, la justicia económica, y preserve la libertad personal, hoy exige esa reforma urgente de Naciones Unidas que impida que la hegemonía del poder financiero internacional, se imponga sobre la esperanzadora corriente que representa la Cultura de la Paz, que toma en consideración en primer lugar a los seres humanos y las relaciones internacionales, y que dentro del marco del derecho internacional y los Derechos Humanos, promueve valores, actitudes y comportamientos que rechazan la violencia y prevengan los conflictos mediante el diálogo y la mediación entre las personas y las naciones. Una corriente humanista de pensamiento y acción, que favorezca también un cambio de actitud individual para desactivar los conflictos internos y las guerras que se encuentran en el interior de cada uno de nosotros, una tarea que la psicología contemporánea denomina confrontar una lucha de opuestos entre nuestra conciencia y nuestros propios contenidos inconscientes.

En 1997 la Asamblea General de Naciones Unidas declaro en el año 2000 el año Internacional de la Cultura de la Paz y en 2021 se propuso la Declaración para la transición hacia una Cultura de Paz en el Siglo XXI, donde se reconoce en primer lugar la necesidad de un cambio en los individuos que reconozcan su vinculación no solo con otros seres humanos sino con todos los aspectos de la vida y que esta transición también depende de profundas trasformaciones y reformas de las instituciones y políticas que nos conduzcan a un cambio colectivo.

El actual globalismo ha traído consigo sufrimiento, hambre, pobreza y desgarros sociales, ahora es el momento en que se precisa iniciar una transición hacia la cultura de la paz, «No hay caminos para la paz, la paz es el camino» propuso Gandhi, un camino guiado por principios y valores, en el que la justicia debe ocupar el lugar preferente.

A la UNESCO se le encomendó explícitamente la tarea de construir la paz mediante la educación, la ciencia, la cultura y la comunicación y en el preámbulo de su Constitución recuerda que son «los principios democráticos» de justicia, libertad, igualdad y solidaridad, los que deben iluminar esta gran transición desde una cultura de violencia y guerra a una cultura de dialogo y conciliación. Fue en la década de los 90 en la UNESCO cuando se inició un gran programa hacia una Cultura de Paz, y en él se recogen una serie de valores, actitudes y comportamientos en los que se reflejan el respeto a la vida, al ser humano y a su dignidad.

Hoy en la Declaración para la transición hacia una Cultura de Paz en el Siglo XXI, se hace hincapié entre las propuestas planteadas que habría que destacar, el favorecer la educación, la pedagogía de la paz, crear nuevos símbolos compartidos que fomenten la aceptación de los otros, la solidaridad, el respeto y la cooperación, el flujo de la libertad, la información, la imaginación y la creación. Así como favorecer el diálogo, la democracia participativa, y el fomento de cooperativas que trabajen por una economía social y solidaria centrada en el comercio justo.

Pero además lo que también constituye una necesidad de primer orden es que sean abordadas propuestas de refundación o reforma en Naciones Unidas, como la del Consejo de Seguridad, así como la creación de un Consejo de Seguridad de Alcaldes de las principales ciudades del mundo. La creación de un Consejo de Asuntos Socioeconómicos y también de un Consejo de Asuntos Medioambientales, cuyas decisiones representen el balance mundial de poderes y favorezcan la adopción de los acuerdos por parte de los estados miembros.

Pero esta reforma sería incompleta si no se tiene en cuenta la conformación de una nueva Asamblea General compuesta por un cincuenta por cien de representantes de los Estados miembros y el resto por instituciones, academias y organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo, para que así pueda quedar representado como se dice en el preámbulo de la Carta de Naciones Unidad la voz de «nosotros los pueblos».

Hoy, como ya desde hace dos décadas invoca Federico Mayor Zaragoza, otro mundo es posible y ya es el tiempo de cambiar la fuerza de las armas por la fuerza de las palabras. La historia está en nuestras manos, solo el multilateralismo democrático podrá reconducir las presentes tendencias que impiden o bloquean avanzar hacia el bien común y la Cultura de Paz.

Organicémonos. Bahá’u’lláh dejó, en una de sus profundas reflexiones, una bella imagen del despertar de la conciencia en la Humanidad, y hacia la que hoy es posible que se dirija nuestra sociedad: «Sois frutos de un solo árbol y las hojas de una sola rama. Tan potente es la luz de la unidad, que puede iluminar la tierra entera».

Rafael Monzó es actualmente el Presidente de la Asociación Valencia-Mediterráneo para la UNESCO.

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