El Congreso celebraba la semana pasada un pleno en el que se debatió y votó la moción de censura que presentaba Vox —con Santiago Abascal como candidato alternativo— contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Era de esperar que el debate fuera candente y los representantes de los distintos partidos presentaron sus posturas polarizando el discurso por potenciales beneficios electorales. Luis Miller, científico titular del CSIC y vicerrector del Instituto de Políticas y Bienes Públicos, elaboró un informe en el que analiza la polarización en España y que defiende que estamos más divididos por ideología que por políticas públicas.

Conociendo el riesgo y consecuencias para una democracia sana del uso de discursos polarizados, Miller recomienda hablar de políticas para rebajar una tensión que aumenta cuando se apela a identidades.

«Las identidades —partidista, ideológica, territorial— polarizan más que las políticas públicas —fiscal, migratoria—».

Desgraciadamente, esta polarización que puede ser un escalón en el proceso de radicalización de un individuo o grupo, o parte del proceso del resquebrajamiento de una democracia parece ser beneficiosa como estrategia en política partidista.

«La polarización divide el Congreso y también a unos ciudadanos que se ven arrastrados por ella, a veces, incluso sin quererlo. Pero esta estrategia política no surge de manera casual, sino que hay alguien detrás que la planifica y se beneficia de ella», asegura Miller en la siguiente entrevista.

Cuando la forma de hacer política sacrifica la reflexión y la consulta constructiva y se basa en apelar a las emociones y en el uso de las redes sociales supone una potencial ganancia política pero una —incluso mayor— pérdida para la salud democrática de un estado.

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