Los desafíos que plantea la sociedad moderna evidencian cada vez más que los instrumentos políticos que se han diseñado para gobernarla han quedado obsoletos. La configuración de una nueva realidad social avanza con gran ímpetu hacia la globalización de casi todos los procesos sociales de mayor relevancia, con excepción de la política que no ha seguido el mismo ritmo. La colaboración entre la sociedad civil, el sector empresarial y el sector público será fundamental en este nuevo escenario que va adquiriendo mayores grados de complejidad, por lo que responder a esa realidad global e interconectada exige explorar formas de organización social y de gobernanza cimentadas en los principios de colaboración y de reciprocidad, de justicia social, del equilibrio entre la centralización y la descentralización, de la sostenibilidad medioambiental y cognitiva y de la subordinación del interés individual al bienestar colectivo.  

En este artículo, Daniel Innerarity analiza las características y desafíos del mundo actual que él describe como uno que no camina hacia la separación sino hacia la integración diferenciada, pero cuyos instrumentos conceptuales y de gobierno pueden que no estén a la altura de esa complejidad. Además, sugiere la necesidad de un pensamiento adecuado a ese mundo plural, de realizar diagnósticos atinados, de poner en juego conceptos menos simplificadores y de pensar en términos de reciprocidad.

El concepto de un integración diferenciada puede tener capacidad heurística para imaginar formas novedosas de organización transnacional. Testearlo ante problemáticas particulares y observar tanto la forma que adopta en las aplicaciones prácticas como las consecuencias que tiene sobre la cohesión, el consenso y la eficacia sociales ha de ser, asimismo, objeto de reflexión.

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