Inteligencia artificial (AI), 5G, Internet de las cosas, son ya el presente del ecosistema digital y con el control de estas tecnologías viene el control sobre la privacidad y seguridad de sus usuarios, lo cual podría suponer un riesgo en términos de seguridad nacional.

«Este ecosistema está actualmente dominado por unas pocas grandes plataformas en línea y unos pocos proveedores de tecnologías –las de hoy y las de mañana– radicados en EE. UU. y China,» afirma el Dr. Jorge Pérez Martínez, Catedrático de la ETSI de Telecomunicación de la Universidad Politécnica de Madrid, en el siguiente artículo.

Llevamos un tiempo siendo testigo de la batalla tecnológica entre estos dos gigantes del mercado. El año pasado Google se divorció de Huawei dejando de proporcionar acceso a las actualizaciones de Android —el sistema operativo más usado en todo el mundo— a la compañía china. Así mismo, este año —mientras la pandemia se extendía a lo largo y ancho del planeta— Donald Trump dio la orden de vetar TikTok —propiedad de la empresa china ByteDance— en Estados Unidos debido a sus políticas de recopilación de datos.

El desarrollo de este ecosistema digital ha llegado a tal nivel que recientemente las grandes potencias del mundo han comenzado a cambiar las normas de la competencia para proteger sus intereses. Ahora la digitalización está sometida «al fenómeno de geopolitización de la economía mundial». De esta forma, el ecosistema digital se ha convertido en el nuevo y principal objeto de discordia —o acuerdo— entre naciones.

Pero, ¿cuál es la gobernanza y regulación adecuada para la tecnología?

Cuando empresas globales tiene acceso a la información y datos personales de usuarios de todos los países del mundo, ¿quién es responsable de cómo y para qué se trate esta información?

En el año 2018 la Unión Europea actualizó su ley de protección de datos con el famoso Reglamento General de Protección de Datos pero parece ser que la tecnología avanza a mayor velocidad que los reglamentos regionales y los acuerdos internacionales. Esta descompensación ya está contribuyendo al aumento de tensiones entre las grandes potencias del mundo.

Pareciera que la naturaleza global del ecosistema digital fuera el camino o para la puesta en marcha de un nuevo sistema de regulación internacional o para el desencadenamiento de nuevos conflictos entre naciones.

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