Vivimos tiempos de confusión e incertidumbre. Suele ser en este tipo de clima cuando es de responsabilidad parar y analizar la situación. El Dr. Sergio García, profesor de sociología de la Universidad Pública de Navarra, nos invita a hacer precisamente esta reflexión en el siguiente artículo donde observa algunos aspectos de la situación en la que se encuentra la democracia española.

Al parecer existen ciertos ingredientes comunes que provocan el declive de una democracia y pueden allanar el camino a un gobierno totalitario, tales como que los partidos no contengan candidatos con inclinaciones autoritarias, que se dejen de reconocer a los oponentes políticos como legítimos, el uso de las instituciones para promover los intereses del partido, o la presencia de un clima social polarizado.

Algunos de estos aspectos son fácilmente reconocibles en el entorno democrático español, especialmente el reconocimiento de legitimidad de los oponentes políticos y el clima de polarización —que parece acentuarse progresivamente—.

Sería difícil puntualizar en que momento exacto el debate político se convirtió en un espacio para el insulto y el menosprecio del oponente, pero es fácil encontrar descalificaciones lanzadas con ligereza de un político a otro, ya sea oralmente frente a una cámara o en escrito por Twitter. Además —o en consecuencia—, la ciudadanía en general se ha sumado al ejemplo dado por nuestros representantes gubernamentales y el discurso violento y de confrontación ha impregnado cualquier conversación sobre política.

La normalización de esta forma de comunicación es un canal para alimentar la polarización y ahondar la brecha entre unos y otros.

Es cierto que pronosticar el futuro de nuestra democracia es una tarea compleja, pero si practicar el autocontrol en nuestra forma de expresarnos puede frenar el declive de una democracia u —optimísticamente— acelerar su progreso, ¿por qué no emplear un poco de moderación en el lenguaje?

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